29 sept 2012

Historias para no dormir

León al anochecer en la sabana africanaPasar dos o tres noches en un campamento de la reserva, con las tiendas y los hombres haciéndose un hueco entre el matorral y las acacias, tiene su encanto… y algo de riesgo excitante también, pero no mucho. Una experiencia inolvidable siempre.

Es difícil dormir porque las hienas se pasan toda la noche alrededor de nuestras pequeñas carpas buscando restos de comida. En la tele, las hienas no parecen gran cosa, pero la tele engaña. Hay que verlas de cerca y, sobre todo, oírlas. Alguna noche, alguien –valiente– se levanta para ahuyentarlas a pedradas. Tienen una “risa” desagradable que ataca los nervios. Hasta que te acostumbras. Luego te conformas con ciscarte –con perdón– en la puta madre que las parió.

Los monos y las hienas no se llevan bien, así que si hay hienas no hay monos y viceversa. Prefiero las hienas a los monos, que roban, destrozan y lo revuelven todo. Los leones son otra cosa. Merodean tranquilamente y se les oye rugir, pero no se acercan demasiado, aunque a veces parece que los tengas a un metro. Cuando los rangers consideran que la presión de los animales sobre el campamento es excesiva ponen antorchas alrededor de las tiendas y así nos sentimos algo más seguros, pero se duerme igual de mal. Te despiertas muchas veces: rugidos, aullidos, el enérgico croar de los sapos macho buscando pareja, las risas entrecortadas de las hienas, el crunch crunch de los hipopótamos pastando ahí al lado, algún pajarraco madrugador… En fin, todo un concierto.

hipopotamoLa aparición de un reptil no es infrecuente. Las reacciones, variadas: desde asco, horror o pánico hasta curiosidad, fascinación o incluso adoración, como en ciertas culturas. Los más ancianos cuentan que algunas serpientes se tragan enteras a sus víctimas humanas, especialmente entre las tribus de cazadores que viven aún en condiciones medio prehistóricas, como los bosquimanos, por ejemplo. Y no me parece extraño. Un adulto basarawa o ¡kung ronda los 45 kilos de peso y 1,5 metros de altura como mucho, mientras que una pitón reticulada puede alcanzar cerca de los 10 metros y 75 kilos. El hombrecito bien pudiera ser un delicioso bocatto di cardinale de plácida digestión para la bicha, a condición de que el menú no incluya las flechas, el arco, el carcaj y el protector del pene.

Claro que este país tiene otros animales más simpáticos fuera de la reserva. Una gran cantidad de focas han elegido como domicilio familiar el litoral de las costas sudafricanas. Científicamente hablando, yo creo que no son focas sino lobos marinos. Tienen unas pequeñas orejas y utilizan sus aletas como patas en lugar de arrastrarse por el suelo.

lobo marinoEstas “focas con orejas” se extienden por la costa Victoria, Duiker, El Cabo… Pero la mayor concentración está en Kleinsee, cerca de una inmensa mina de diamantes abandonada donde todavía hay gente que rebusca por si acaso. Se cuentan –¿quién las habrá contado?– cerca de 500.000 animales. El olor es insoportable a medida que uno se acerca. En realidad, casi no se puede respirar, pero la visión es irrepetible: unas apareándose, otras pariendo, otras amamantando a sus bebés…

La aparición de un coyote hace que la playa se despeje a toda velocidad en un curioso espectáculo, con las focas huyendo hacia el mar como alma que lleva el diablo en medio de un griterío gutural, tosco y ridículo que estuvimos imitando toda la tarde. Se lo hicimos a la empleada de la estación de servicio donde repostamos –ouc ouc ouc– y se puso a reír como una loca.

Los blancos ya se sabe.

 


IMÁGENES: Arriba, holgazán e indolente, de vez en cuando ruge para los turistas. Centro, puede comerse 200kg o más de pasto cada noche. Abajo, foca o lobo marino sudafricano. Para hacer un abrigo se necesitan varios animales; para llevarlo, solo uno.

15 sept 2012

De cómo un león acabó con el explorador sir John Doubleday

Esta historia me la contó E’to Tiemoko, brujo de los mandinga. Creo que vale la pena conocerla, aunque los bambara digan que no se puede creer nada de lo que cuenten los mandinga. Hay algo de envidia en el comentario, porque los mandinga han sido siempre una sociedad más adelantada que la de los bambara.

Por ejemplo, E’to Tiemoko nunca hubiera llegado a brujo de haber nacido en el territorio de los bambara, porque allí el que nace de padre cazador será cazador y el que nace de guerrero será guerrero. Sin embargo, entre los mandinga, alguien hijo de cazador puede llegar a ser brujo con el tiempo. Si se lo propone y reúne condiciones, claro.

tribuTodo empezó hace ya algo más de cuatro décadas, cuando el célebre explorador británico sir John Doubleday –amigo personal de un hijo del Livingstone aquel que se perdió en la selva– llegó hasta las orillas del gran río Congo para visitar a su amigo Kuyate, jefe de la tribu de los mandinga, vecinos de los bambara.

¿De qué se conocían ambos?... Nadie lo sabe con certeza. Una versión fiable asegura que fueron socios en un negocio de alimentos de boca –una especie de catering de bajo costo para turistas, exploradores y cámaras de la National Geographic–, hasta que, luego de varias intoxicaciones, los afectados le pegaron fuego al chiringuito en un reprobable dies irae.

pobladoEl caso es que sir John tenía la intención de alcanzar las estribaciones de las montañas Sarakolé, picos que cierran el horizonte al final de la sabana. Alguien le había asegurado que existían unas imponentes cataratas a las que los nativos llamaban “aguas que hablan”.

El jefe Kuyate le refirió que, en algunas noches de silencio, cuando los leones no rugen, las hienas no ríen –¿de qué se ríen las hienas?– y los sapos macho no croan con fuerza llamando a las hembras, esas noches, digo, solía escucharse como un murmullo de agua proveniente de allá lejos.

Al jefe Kuyate le importaban una mierda las cataratas, tanto si hablaban como si no. Sin embargo, puso a disposición de su amigo un joven fuerte y despierto llamado E’to Tiemoko, hijo y nieto de cazadores, para que le sirviera de guía y acompañante.

Lo cierto es que el inglés partió una mañana en busca de las “aguas que hablan” acompañado por el joven, que soñaba con llegar a ser, con el tiempo y una caña, el brujo de su tribu mandinga.

Victoriafälle 1Apenas emplearon tres días con dos noches en alcanzar la cascada. Al pié del agua les recibieron los otrora belicosos tutsi, a los que colmaron de abalorios, espejitos y latas de sardinas y caballa en aceite vegetal, mientras las féminas se entusiasmaban con los ojos azules del explorador y sus enormes y retorcidos bigotes amarillos de nicotina. Algunas le hacían atrevidas proposiciones deshonestas que el explorador se apresuraba a rechazar ingeniando mil excusas, porque los ingleses ya se sabe que nunca han sido amigos de estas licencias.

Las cataratas no eran gran cosa, ciertamente, y no le impresionaron en absoluto al bueno de John: “Hablan, sí, –anotó en su diario– pero su conversación es triste y abatida, decaída, como precipitándose a un abismo”. Tanta fue su decepción que decidió regresar, sin más trámite, por donde habían venido.

Cuenta Tiemoko que, tras un día de marcha, comenzaron a escuchar lo que consideraron el rugido de un león. No con la intensidad urgente como al reclamar a una hembra en época de celo o aprestándose a la caza o marcando el territorio, no, sino como un baladro de profundo sufrimiento.

A sir John Doubleday le picó la curiosidad –además de algunos mosquitos–, decidido a averiguar la razón de aquel extraño rugido. Entre unas acacias de bajo porte, hallaron un enorme león macho que yacía tirado cuan largo era, exhausto por el calor. Una de sus patas delanteras se veía atravesada por una espina de casi un palmo de largo. El animal, con la certeza de su instinto, sabía que, impedido de caminar, su fin estaba cercano.

león 1Sir John no lo dudó. Con gran valentía, tomó resueltamente la pata del animal y, de un enérgico tirón, le arrancó la espina. Para estos casos –y en todo caso también– no hay nada mejor que un buen polvo, así que, echando mano de su botiquín personal, le aplicó una buena dosis de polvos de azol, que evitan la infección de las heridas y ayudan a su cicatrización.

–Has salvado mi vida y deseo recompensarte. Dime qué puedo hacer por ti –dijo el rey de la selva.

Sir John se mostró sorprendido: nunca hasta entonces le había hablado un león. El animal percibió la turbación del inglés.

–Soy el rey de la selva y, de no mediar tu noble acción, hubiese muerto en la plenitud de mi vida. ¿Qué puedo hacer por ti? –insistió el animal.

Sir John se retorció el bigote, pensativo.

–No es mi costumbre pedir favores a nadie –sonrió arrogante.

–No lo tomes como un favor, sino como mi agradecimiento sincero –aclaró el león.

–Muy bien –acabó por aceptar, animado–. Mi amigo Tiemoko y yo tenemos una larga jornada de marcha hasta su poblado. ¿Conoces el poblado mandinga?...

–Sí por cierto –sacudió su melena el león afirmativamente–. He tenido el placer de saborear a algunos de sus habitantes.

–No es un camino muy largo –continuó el explorador– pero sabes muy bien que está plagado de peligros: cocodrilos, búfalos, leopardos, hienas… Si no es demasiada molestia, quisiera que nos acompañes hasta llegar a donde el jefe Kuyate.

brujos

Ningún problema –admitió el león encogiéndose de hombros–. Lo haré gustoso. ¡En marcha!

–Espera, espera –le contuvo el explorador–. No soy un hombre joven. Tanta humedad me agobia y me fatigo mucho al caminar. Estoy pensando que tal vez podrías llevarme sobre tu lomo.

Tras un momento de embarazoso silencio, aprobó el león:

–De acuerdo. Te debo la vida. Llegué a pensar que las hienas acabarían conmigo esta misma noche. De no ser por ti, no hubiera vuelto a ver la luz del sol.

–Otra cosa –se entusiasmó Doubleday–. Habrás visto la cantidad de moscas que nos rodean. Tal vez tú no las notes porque tienes el pelaje espeso, pero para mí son insoportables. Mientras me llevas en tu lomo ¿podrías ir agitando la cola para espantarlas?...

–Sí, claro, está bien –asintió la fiera–. A mí también me molestan. De todas forma, siempre lo hago, así que vámonos ya.

-Una última petición –dijo sir John casi avergonzado–. No llegaremos al poblado de los mandinga hasta mañana, con el sol bien alto. Pasaremos esta noche a la intemperie y cuando duermo sobre el suelo me levanto con un insoportable dolor de espalda. Sería muy gentil de tu parte –prosiguió el inglés– si permitieras que mi ayudante cortase tu melena para procurarme un cojín blandito que me facilite el sueño.

Dr-Livingstone_468x336Cuenta Tiemoko, y aún hoy cuando lo cuenta se estremece, que el león se abalanzó sobre sir John Doubleday y de una sola dentellada acabó con la vida del explorador, momento que el joven aprendiz de brujo aprovechó para huir despavorido.

Años después, un hijo del Livingstone aquel que se perdió en la selva, alcanzó el lugar de los hechos acompañado de E’to Tiemoko, el nuevo brujo mandinga. En recuerdo de su amigo, mandó grabar, sobre una roca próxima, un culto epitafio que le recordara por los siglos de los siglos: Doubleday mortuus hic, anglorum explorator devoravit finita eorum stuporem.

Que en román paladino –más román que paladino– viene a significar: “Aquí murió Sir John Doubleday, un explorador inglés que terminó devorado por su propia estupidez”

 


IMÁGENES: Arriba, dos fotos con la versión tradicional y moderna de un poblado mandinga. Centro, cataratas Victoria, visitadas por Livingstone en 1855, conocidas localmente como Mosi-oa-Tunya o “el humo que truena”. Abajo, el león herido. Más abajo, brujos mandinga en una ceremonia de sanación. Última foto, el ataque del león según un dibujo de la época publicado en “The Pittsburgh Post-Gazette”.

Durante el mundial de fútbol de 2010 en Sudáfrica, 300 brujos africanos, hicieron un ritual para bendecirlo. Sacrificaron un buey a las puertas del Soccer City, invocaron a sus antepasados para que aportasen energía y quemaron una hierba tradicional para pedir un buen campeonato.

1 sept 2012

Los cinco grandes

La expresión “los cinco grandes” o the big five fue acuñada para agrupar a los cinco animales más difíciles de cazar, por el peligro que supone enfrentarse a ellos, desde el suelo, con un rifle en la mano. No he podido averiguar quién fue el primero en usarla o quién el autor de la misma. Sin embargo viene utilizándose desde los primeros safaris de cazadores míticos como Selous, Finch-Hutton, Blixen y tantos otros de aquella época romántica.

El término “grande” –big– no tiene nada que ver con el tamaño de la fiera. La lista reúne cinco especies de entre las más representativas de África: león, rinoceronte, elefante, búfalo y leopardo. Algunos pretenden sustituir al rinoceronte por el hipopótamo, que suele identificarse como el animal africano que más muertes provoca a lo largo del año. Otros, en cambio, consideran que el búfalo de El Cabo y el cocodrilo podrían ser, con igual mérito, candidatos a este equívoco honor.

A partir de la emisión de 1999, cada uno de los cinco billetes de banco sudafricanos –valores de 10, 20, 50, 100 y 200 rands– muestra la imagen de uno de los cinco grandes.

Desde el punto de vista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el león y el elefante de la sabana están catalogados como especies “vulnerables”. El leopardo, a punto de alcanzar el nivel de “en peligro”, mientras que el búfalo se sitúa en la escala más baja del riesgo. En cambio, el rinoceronte –blanco o negro– se encuentra “en peligro de extinción”. Si no se acaba con las mafias, los rinocerontes tienen los días contados.

La personalidad y los hábitos de estos animales son muy variados. El más difícil de observar es el leopardo, por sus costumbres nocturnas y porque suele pasar la mayor parte del día en lo alto de cualquier acacia, a veces en la que menos se espera, que le sirve como refugio, torre de observación y despensa.

SouthAfricaP126b-100Rand-(1999)-donatedsrb_fDe naturaleza generalmente apacible, el búfalo es, sin embargo, el animal más temido por los cazadores por lo imprevisible de sus embestidas, a menudo mortales. Cuando se siente atacado, la manada forma un círculo compacto protegiendo a los jóvenes en su centro, ofreciendo un entramado ofensivo y defensivo de cuernos amenazadores que nadie se atreve a enfrentar.

Del rinoceronte me ocupé en detalle hace unos meses.

El elefante, como dijo La Fontaine “es, si no tenemos en cuenta al hombre, el ser más impresionante de este mundo”. Se le describe como dotado de una gran inteligencia, aunque personalmente me cae bastante mal desde que una tarde decidió venir a por mí –orejas desplegadas, trompa en alto y cara de pocos amigos– porque le estaba tomando unas fotografías mientras el bruto arrasaba la vegetación con su enorme apetito de casi 200kg de forraje diarios.

¿Y qué decir del león? Su cabeza es uno de los símbolos más universalmente reconocidos en la cultura humana. Desde la antigüedad se le proclamó el rey de los animales, el rey de la selva. Holgazán e indolente por naturaleza, incondicional de la siesta, se pasa casi 18 horas somnoliento mientras las hembras –atletas de 150kg– cazan para el clan. El macho conserva la supremacía sobre el grupo, es el primero en alimentarse de las presas aportadas por las damas y se reserva el derecho a matar a las crías de camadas anteriores. Cuando la leona está dispuesta –durante una semana o algo menos– se aparea unas 40 veces al día de promedio.

Se lo tiene bien montado el rey este.

 


IMÁGENES: Arriba, los cinco grandes en una composición pictórica cuyo autor no he podido identificar. Abajo, búfalo en el billete de 100 rands.

18 ago 2012

Baobabs

“Las semillas duermen en el secreto de la tierra hasta que una de ellas decide despertar y comienza a empujar hacia el sol una ramita inofensiva. Pero hay semillas terribles en el pequeño planeta de El principito. Son las semillas de los baobabs. El suelo está infestado y si no se arrancan a tiempo, lo perforan con sus raíces, invaden todo el planeta y lo hacen estallar”.

Baobab1Más allá de los peligros descritos en el delicioso relato de Saint-Exupéry, los baobabs están en el origen de numerosas leyendas arraigadas en la memoria de África. Una de ellas relata cómo, en los primeros días de la creación, Dios repartió semillas entre todos los animales para que las sembraran. Las del baobab se las dio a la hiena quien, enojada por haberlas recibido en último lugar, decidió plantarlas al revés. Esto explica la extraña impresión que producen estos árboles, como si sus raíces estuvieran en el aire.

Cuentan que el baobab era uno de los árboles más bellos del continente africano, admirado por su tupido follaje y hermosas flores. Su vanidad creció tanto que los dioses lo castigaron, enterrando sus ramas y dejando a la vista sus raíces. Ramas o raíces, la imaginación indujo a afirmar que son los brazos de antiguos guerreros enterrados en la sabana, que luchan por salir y volver a la batalla.

baobab2Se dice que, si una persona bebe agua en la que se han mojado semillas de baobab, quedará protegida del ataque de los cocodrilos. Pero morirá devorada por un león si osa arrancar una sola de sus flores, grandes y blancas, de una noche, que se abren en el crepúsculo y se marchitan en el transcurso del día siguiente.

Los baobabs crecen en zonas semiáridas, desde el Sáhara hasta Sudáfrica. Son longevos y existen ejemplares datados con una edad del orden de los 4.000 años. Un baobab alcanza hasta 25 metros de altura, con un perímetro de tronco de entre 10 y 40 metros. Ahuecados de forma natural por el paso del tiempo, pueden almacenar más de 100.000 litros de agua y alguna vez sirvieron de cárcel, granero, establo, casa, capilla o sala de reunión.

Algunos han exagerado sus dimensiones. Cuentan que existe un ejemplar tan inmenso que en su interior aloja una estación de autobuses. Otro baobab, situado a 500km de Johannesburgo, cobija una cantina donde pueden llegar a reunirse hasta 50 individuos.

baobab-bar-musinaParecidos a una sandía pequeña, los frutos de este árbol de la vida para los africanos son ricos en fibra, vitamina C, calcio, potasio y azúcar, pueden ser consumidos como pasta y de ellos se obtiene una refrescante bebida. Con sus hojas se prepara una deliciosa sopa y con su corteza se fabrican fuertes cuerdas usadas por las tribus locales.

“Una manada de elefantes no acabaría con un solo baobab”, asegura el principito. Sin embargo podrían hacerlo algunas transnacionales interesadas en comercializar alimentos, cosméticos y activos químicos obtenidos a partir de sus frutos y semillas. Varias organizaciones ecologistas están ya en la tarea de detener la progresiva desaparición de estos árboles excepcionales.

¡Ojalá lo consigan!

 


IMÁGENES: Arriba, el planeta de “El principito” invadido por los baobabs. Centro, baobabs en Madagascar. Abajo, espectacular tronco de baobab convertido en cantina.

4 ago 2012

El Guernica de Keiskamma

Estamos en la antigua patria Ciskei de los sesenta, en uno de los dos bantustanes o territorios autónomos asignados por las autoridades sudafricanas para recluir en ellos a los hablantes del idioma xhosa.

Los niños mueren porque el sistema de salud no puede proporcionarles los cuidados necesarios, las personas mayores enferman de afecciones comunes y los hospitales frecuentemente se quedan sin medicamentos. El desempleo afecta a la mayoría de la población, las escuelas son una pura ruina y los alimentos escasean.

Después llegó el sida, erosionando aún más la esperanza y la fuerza de una población devastada ya por la pobreza y los abusos del régimen del apartheid. En la década de 1990, mientras la enfermedad se propagaba por todo el país, el gobierno rehusó reconocer la pandemia, y cuando el número de infectados se hizo evidente, negó durante años el tratamiento necesario para sobrevivir. Posteriormente, Ciskei fue reincorporado a Sudáfrica como parte de la provincia del Eastern Cape, pero la situación no mejoró.

La fundación Keiskamma trabaja desde hace 10 años en este entorno, desarrollando proyectos de arte y salud. Ahora, una exposición itinerante nos cuenta la historia del dolor y el valor de gentes ignoradas por los poderosos que, mientras lloran a sus muertos, luchan a diario contra viento y marea por sobrevivir con dignidad.

picasso_guernicaEl elemento principal de la exposición es el Guernica de Keiskamma, un tapiz inspirado en la pintura homónima de Picasso (arriba), una de las obras de arte más importantes del siglo XX que refleja el espanto del bombardeo de un pequeño pueblo en el norte de España. Las bombas cayeron en un día de mercado, cuando el centro de Guernica estaba lleno de mujeres y niños de las zonas rurales de alrededor. El cuadro del pintor malagueño es una denuncia de los momentos y lugares en los que los gobiernos, solo interesados en sus propias agendas, sacrifican sin piedad ni compasión a los más vulnerables.

A diferencia del Guernica original, el de Keiskamma (abajo) no representa el horror de un hecho concreto sino la lenta descomposición del tejido social de una comunidad. Cada día se pierde un hilo y, de pronto, una generación entera ha desaparecido. Cada día aparecen más y más estragos que no pueden repararse con los medios disponibles. Mientras ricos y privilegiados construyen una sociedad a su medida, el mundo rural se llena de innumerables tumbas. Los que sufren no gritan como en la escena del bombardeo. Los pueblos del Eastern Cape lloran, rezan, se aferran a la vida y pelean sin desmayo contra la despiadada enfermedad. Un millar de personas mueren a diario en Sudáfrica a causa del sida y la indiferencia.

dsc_9125-editEl Guernica de Keiskamma tiene el mismo tamaño que el original de Picasso: 3,5 metros de altura y 7,8 de ancho, empleando igualmente colores sombríos. Sin embargo, mientras Picasso utiliza negros y grises para reflejar la catástrofe, el fondo gris-marrón del Keiskamma muestra los colores de las faldas tradicionalmente confeccionadas a mano por las mujeres xhosa y de las mantas de los pacientes muertos en los centros de tratamiento de la fundación.

Vivir, a veces, es solo cuestión de suerte.

 


IMÁGENES: Arriba, niños participantes en un programa de educación en el área de South Peddie. Centro, el Guernica de Picasso. Abajo, el Guernica de Keiskamma, diseño y creación de Carol Hofmeyr con numerosos ayudantes y el grupo de artesanos del Proyecto de Arte Keiskamma.

21 jul 2012

El rey León volvió a casa

Han pasado tres lustros desde que “El rey León” invadiera las pantallas de cine de todo el mundo convirtiéndose en un formidable éxito de crítica, recompensado con dos Oscar y con la mayor recaudación de la casa Disney en toda su historia.

La adaptación al teatro parecía tarea poco menos que inviable, tanto por estar protagonizada enteramente por animales como por una serie de localizaciones africanas que se antojaban imposibles de reproducir sobre un escenario.

ReyLeon3Sin embargo, una genial Julie Taymor –experimentada directora norteamericana de cine y musicales– logra superar todas las dificultades y “El rey León” se estrena en julio de 1997 en un teatro de Minneapolis, solo tres años después de su irrupción en la pantalla. Cuatro meses más tarde, la obra arrolla en la ciudad de los rascacielos, donde sigue llenando cada día, desde hace ya más de una década, las butacas del Minskoff, en el mismísimo corazón de Broadway.

En junio de 2007 llegó a Johannesburgo, Teatro at Montecasino, grandioso tras una reforma de 10 millones de euros. Todos los “alguien” de la ciudad estuvieron presentes: estolas de piel, cueros, pajaritas de colores, lentejuelas, peinados deslumbrantes, escotes de vértigo, silicona, saris de seda… Hasta el mismísimo vicepresidente de la república, luciendo un elegante atavío tradicional, ocupó con su gente uno de los palcos preferenciales.

Señoras y señores, la función va a empezar.

ReyLeon4Amanece en un escenario transformado, como por arte de magia, en sabana africana. El hechicero mono Rafiki anuncia el nuevo día. La orquesta irrumpe, soberbia, con “El ciclo sin fin”, de Elton John y Tim Rice, uno de los más espectaculares números de apertura en la historia del teatro musical. Las jirafas avanzan  majestuosas junto a estilizados ñus, elegantes gacelas y vistosas cebras. Los pájaros sobrevuelan el azul cobalto de la tramoya, soberbios rinocerontes e imponentes elefantes desfilan frente a los boquiabiertos espectadores. Bajo la roca de los leones, todos miran hacia arriba mientras Zazu, consejero real, patrulla el cielo. Un hermoso cachorrillo abre sus ojos al mundo: es Simba, el futuro rey León, que sus orgullosos padres muestran a los animales de la sabana.

Rey león 4Mufasa, rey de la Selva, se hace cargo de la educación de su hijo y le enseña cómo debe comportarse. Pero Simba está mucho más interesado en jugar con su amiga Nala y meterse en líos –hakuna matata: “vive y sé feliz”–, con Timón y Pumba.

Su envidioso tío Scar, un león inteligente, oscuro y malvado, ansía obtener el trono, y no duda en fraguar contra Simba infames maquinaciones con el apoyo de las hienas…

Continuar el relato significaría privar al lector del placer de disfrutar “en vivo y en directo” de esta maravillosa historia. El espectáculo –no se lo pierdan– consagra valores como la lealtad, el coraje, la amistad, la responsabilidad, el esfuerzo, la relación padre e hijo y el amor. Momentos emotivos dejan paso a otros donde la risa es inevitable, gracias a divertidos personajes adaptados a la idiosincrasia y costumbres locales reconocibles y agradecidas por el público.

Una noche de pura magia para sentir, vivir, soñar y disfrutar de una inolvidable y apasionante experiencia africana en la que, ante los maravillados ojos de los espectadores, el rey León volvió a casa.

Nunca se ha visto nada igual sobre un escenario.


IMÁGENES: Arriba, el sabio hechicero Rafiki anuncia la salida del sol. Centro, flanqueado por Mufasa y su esposa, Rafiki presenta a Simba bebé, el futuro rey León, a los animales de la sabana. Abajo, Simba y Nala enamorados.

Aquí dejo un enlace a un vídeo en el que Julie Taymor nos cuenta –subtitulado– cómo se diseñó la espectacular escenografía de El rey León.

7 jul 2012

African tips

Casa en HoedspruitEn Sudáfrica los baños no tienen puerta. En la casa de mis fines de semana, lavabo, bañera y retrete están integrados en el dormitorio, justo detrás de la cabecera de la cama. Imaginen el impacto polifónico de ocasionales conciertos gástricos y el cruel olor a mierda en pituitarias sensibles. Cierto que el cuarto se puede airear, pero el inevitable asalto de los monos lo pone todo patas arriba, con una predilección por el azúcar y el café molido.

La ducha está fuera, en un singular corralito al aire libre. Se accede desde el dormitorio, siempre mirando al suelo por si se hubiera colado algún sediento bichejo desagradable. Arañas, pequeños reptiles e insectos de todo tipo, forma, tamaño y color nacen, viven, copulan, se agitan y mueren entre la hojarasca rústica del piso.

La ducha HoedspruitLa casa está decorada con un agradable look afrikáner. No puede decirse que esté rodeada de un paisaje que emocione. La visión es ahora la de un enredo de ramas retorcidas, mustias, resecas y agostadas sobre un suelo polvoriento. La lluvia del otoño austral pone un poco de color en la escena. Mínimo, porque las altas hierbas y espinosas acacias de la sabana no dan mucho más de sí. Pero es un lugar tranquilo, de días sosegados y tardes serenas.

En Sudáfrica, afortunadamente, sus recursos naturales no parecen despertar la codicia de los grupos armados que asolan otros países del continente, mártires de una indeseable riqueza. Cuatro millones de personas han muerto por intereses difíciles de entender para nosotros, ciudadanos de otro mundo. Menos aún para los africanos, víctimas de la pobreza, violaciones, epidemias y hambre, atrapados en un círculo maldito del que se hace poco menos que imposible escapar.

Comandos irregulares siguen creyendo en el lenguaje de los kalashnikov, habituales en la vida de estas gentes. Se habla de paz, aunque sea difícil creer en ella. Hace unos días, guerrilleros ruandeses atacaron un campo de refugiados en Goma, Congo, la región en la que se firmó recientemente otro acuerdo más, tan inútil como los precedentes.

En medio de este caos, decenas de miles de niños son utilizados como soldados, porteadores y cocineros, más la esclavitud sexual de las niñas. Se les niega cruelmente su infancia y se convierte a todos, niños y niñas, en testigos y verdugos. Hace años se crearon “comisiones de desarme” para facilitar el proceso de integración en la vida civil de los grupos irregulares. Los menores no son tenidos en cuenta. Deben ser las ONG y las agencias de protección de la infancia las que ayuden en su vuelta a la normalidad. Cada uno con su nombre, con su historia de sufrimiento combinada con esperanzas y sueños.

1331809812322_1El fotógrafo de ABC, Álvaro Ybarra Zabala, es el autor de una colección de fotografías que pone los pelos de punta. Ilustra guarderías –cuarteles de niños soldados– repletas de AK47, como juguetes. ¿Qué será de estos niños cuando termine la guerra?... ¿Siquiera a alguien le importa?...

Es complicado entender el mundo. Los astrónomos explican la lenta traslación de nuestro planeta alrededor del sol en 365 días. Creo que nosotros, cada uno de nosotros y luego todos juntos, podríamos decidir, influir y presionar para que se moviera en otra dirección.

 


IMÁGENES: Arriba, mi casa de los fines de semana en el “Raptor’s Lodge” de Hoedspruit. Centro, el corralito de la ducha al aire libre. Más abajo, niño soldado.

23 jun 2012

Jessica

Después de varios días de lluvia torrencial, aquella era la primera mañana limpia y soleada de marzo del 2000. Salvo por su propia brillantez, diríase predestinada a no dejar huella en la memoria de nadie, si no fuera por las dramáticas inundaciones que devastaron el noreste de Sudáfrica por aquellas fechas.

Esa mañana, justo en la línea difusa donde la vegetación se confunde con el agua, Tonie y su esposa Shirley rescataron un bebé hipopótamo que, enredado en el matorral, luchaba por sobrevivir a la corriente del Blyde. La pareja observó que el pequeño llevaba aún parte del cordón umbilical y parecía estar tremendamente débil, acaso traumatizado por la pérdida de su madre, probablemente arrastrada río abajo por el ímpetu de las aguas.

Jessica 12No dudaron en llevárselo a casa. Con los conocimientos de Tonie, antiguo ranger en una reserva de animales salvajes, prepararon una leche especial –colostrum– a base de yema de huevo, crema de leche y leche entera para alimentar al bebé hipopótamo: una hembrita de solo 16kg de peso y apenas 30cm de altura a la que decidieron llamar Jessica. Sorprendentemente, el animalito se amorró con avidez a la tetina de la botella y en la primera sesión deglutió algo más de litro y medio de la mezcla.

Muy pronto, la pequeña Jessica se habituó a la casa y a sus cuidadores, a quienes despertaba a cualquier hora de la noche cuando tenía hambre. Lo más sorprendente de este sorprendente animal es que no tardó nada en familiarizarse con los perros, un rottweiler y dos bulterriers, con quienes estableció un fuerte vínculo afectivo, jugueteando y durmiendo con y junto a ellos.

La única vez que enfermó tuvieron que administrarle antibióticos mediante dardos, porque las agujas se doblaban debido al grosor su piel. Desde entonces asocia dardos con dolor y se nota su nerviosismo en cuanto los ve en manos del veterinario.

Jessica hoy, a sus doce años, pesa casi una tonelada y tiene una fuerza enorme. Nunca ha mostrado signo alguno de agresividad y parece disfrutar cuando está rodeada de gente. Odia quedarse sola en casa, en ese tramo del río Olifants especialmente acondicionado para ella. Cuando el matrimonio sale de fin de semana, al regresar notan que Jessica tiene un hambre atroz, porque no ha comido nada desde que se fueron.

Convive ocasionalmente con hipopótamos salvajes, pero no tarda en volver a casa, al lugar donde se crió. Los perros se entusiasman con su regreso y comienzan a ladrar y a retozar alegres a su alrededor… tomando las debidas precauciones, claro, por su peso y por su tamaño. Siempre afectuosa con sus padres adoptivos y con quienes considera que forman parte de su peculiar familia, se diría que es feliz junto a todos ellos.

jessica-the-hippoHace algunos años, Jessica interpretó un pequeño papel en la película “Mr. Bones” con el actor Leon Schuster. Ha aparecido en varios programas de la SABC –la radiotelevisión sudafricana–, en Sky News, en la BBC, en el documental de la National Geographic “El lado oscuro de los hipopótamos”, en varios programas de Discovery Channel y de Animal Planet, en la televisión coreana y en la japonesa, etc.

Se puede concluir afirmando que Jessica es ya, sin lugar a dudas, una enorme e impresionante superstar.


IMÁGENES: Arriba, Jessica bebé tomando su biberón. Centro, Jessica adulto, “boquita de piñón”, jugueteando conmigo. Abajo, portada de un documental de Animal Planet.

VIDEO: Aquí dejo el vídeo sobre Jessica emitido por Sky News.

 

9 jun 2012

Joanna, dame esperanza

AfricanMusic
Las funciones sociales tradicionalmente satisfechas por la música en África han condicionado su sometimiento al imperativo de los dirigentes, especialmente en cuanto a su vinculación con sus políticas totalitarias, dictatoriales, despóticas y racistas. Aunque cada día más excepcional, esta capitulación no es desconocida fuera del continente negro.

En Argentina, el tango Cambalache afrontó serios problemas durante la llamada década infame a la que denunciaba. Mientras la transición española, la música del grupo Jarcha reflejó el sentir de muchos, en unos años en los que pasábamos del franquismo a la democracia. La canción Libertad sin ira, inicialmente prohibida en 1976, se convirtió poco después en el himno no oficial de aquel histórico momento.

Gimme hope Jo’anna -en español, Joanna dame esperanza-, un reggae compuesto en los 80 por el jamaicano Eddy Grant, alcanzó enorme popularidad durante la era del apartheid en Sudáfrica. La canción fue inmediatamente prohibida por el régimen de Pretoria quien, a pesar de la medida, no pudo impedir su amplia difusión dentro y fuera del país, donde conquistó las primeras posiciones en las listas de popularidad durante los años posteriores a su lanzamiento. En Gran Bretaña se mantuvo durante más de un lustro en el primer puesto de los Single’s Top Ten de entonces. 

Confieso que, escuchada por primera vez, me pareció que Jo’anna sería el nombre de una fémina a quien un amante abatido y desalentado le pedía esperanza… un árbol en flor balanceado al soplo de las ilusiones. Nada de eso. La misteriosa palabra hace referencia a la ciudad de Johannesburgo, coloquialmente abreviada como Jo’burg o Jo’anna, núcleo de todo el movimiento racial de la época. La canción lleva un importante mensaje en contra de la separación o apartheid ejercido por la minoría blanca, situación que derivó en una guerra social durante aquel oscuro periodo político iniciado en 1959.

El apartheid alcanzó su plenitud cuando la población negra, privada de la ciudadanía sudafricana, quedó relegada a pequeños territorios marginales y autónomos, reservas tribales llamadas irónicamente bantustanes. El presidente De Klerk puso fin al régimen racista en 1991, devolviendo a los no blancos los derechos civiles y políticos que les habían sido arrebatados.

DeKlerk Mandela NobelEl proceso culminó con la llegada a la presidencia de la república de Nelson Mandela, mítico militante anti-apartheid que había pasado casi tres décadas en la cárcel. Tras la euforia de los primeros años y a pesar de su ejemplo inspirador para unir al país, muchos creen ahora que la promesa que simbolizó entonces se ha esfumado.

Gimme hope Jo’anna volvió a escucharse, interpretada por el propio Grant, en el 90 cumpleaños de Mandela. “La pobreza ha golpeado a nuestro pueblo, que lo sigue pasando mal veinte años después del fin del dominio blanco”, dijo, luciendo una de sus vistosas camisas.

Never give up hope o la esperanza es lo último que se pierde.
 



IMÁGENES: Arriba, portada de “Tumblack & Friends”, un álbum que combina a la perfección los elementos de origen africano, afro-beat, funk y disco. Abajo, la pareja Mandela y De Klerk pasará a la historia como símbolo de la reconciliación en un país desgarrado. Por esta hazaña histórica, fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz en 1993.

26 may 2012

Nelson, mutu-mutu y argonautas

Nelson es un buen tipo. A nice guy o mejor 'n goeie ou, como dirían por aquí en afrikáans. No me refiero a Nelson Mandela, que ya no es tan guy, sino a un joven zulú, negro como un zulú, que ha sabido ganarse el respeto de la gente de la reserva por su simpatía, amabilidad, excelente humor, cordura, honradez –atributo muy apreciado por lo escaso– y un sentido común propio de la gente con inteligencia singular y práctica.

28463011Se ocupa de que no falte combustible para los vehículos y para el generador de corriente ni gas para la cocina. No necesita ninguna hoja de cálculo para llevar un control exhaustivo y riguroso. Le alcanza con un simple bloc de papel cuadriculado y medio lapicero amarillo. Las tapas de su cuaderno lucen un pringue aceitoso –problema de alimentarse con sardinas de lata– y el lapicero made in China hace tiempo que perdió su color original. Dicen que la goma del extremo superior se la comió entre pan y pan, con las sardinas.

El caso es que Nelson siempre tiene una respuesta para los pequeños problemas de cada día. Sabe cómo aliviar una amebiasis o entablillar una pierna rota –humana o animal– o cómo preparar un ungüento para el dolor de riñones. No dudé en acudir a él cuando me picó en el brazo derecho un mutu-mutu, bichejo de mala traza cuya hembra se dedica a perforar los cocos de aceite para poner sus huevos, y a joder al personal. Como curiosidad, dejo constancia de que, en algunas lenguas africanas, los nombres con fonemas duplicados anuncian cierto peligro o incomodidad. Véase la mosca tse-tse, que transmite la enfermedad del sueño, o la salsa pili-pili y el ají tua-tua, picantes hasta las lágrimas, o el ika-ika, para echar mal de ojo.

picudoCiertamente, Nelson tenía un remedio más moderno que ancestral consistente en aplicar sobre la zona de la picadura –del tamaño de una lenteja grandecita– una emulsión de lejía y agua, fifty-fifty, advirtiéndome de que la rojez de la piel se extendería al principio para desaparecer totalmente en unos seis o siete días. Iniciado el tratamiento, mi epidermis tipo “blanquito de mierda” no resistió aquello, y a los tres días llevaba en el brazo una quemadura más que considerable. No tan grave como para impedir que me fuera de vacaciones a Estambul con mi mujer y mis hijos. En cuanto mi esposa vio aquel destrozo me reprochó duramente andar por el mundo con el cerebro desconectado.

Guillermo, mi hijo mayor, nos había preparado un concienzudo y afinado “programa Estambul” insuperable para no perderse nada, alojados próximos a una parada del tranvía de la línea 1, un medio de transporte rápido y seguro –de fabricación española, por cierto– que te lleva, por un par de liras, casi a la puerta de todo lo que vale la pena visitar y disfrutar en esta espléndida ciudad. Gente sencilla y educada estos turcos: en el tranvía siempre había alguien –jóvenes generalmente– que nos cedían el asiento a los mayores. En España, la [mala] educación moderna ni considera esta posibilidad. Tal vez porque no me ven tan mayor, así que no se si reprochar o agradecer el detalle.

simplegadesDurante el crucero por el Bósforo evoqué el empeño de Jasón y sus argonautas por evitar que las simplégades destrozaran su navío… como mi pomada regeneradora que, tres semanas después, batalla aún por restablecer la piel arrasada por el remedio Nelson que –no hay regla sin excepción– esta vez no funcionó.

Estambul y Jasón se merecen mucho más que esta breve referencia. Pónganle un “continuará”.

 


IMÁGENES: Arriba, estación de servicio en Van Zylsrus. Centro, picudo parecido al mutu-mutu, de quien no encontré ninguna imagen. Abajo, Argo, el navío de Jasón, aproximándose a las simplégades o rocas vagabundas que entrechocaban aleatoriamente. Lord Byron se refiere a ellas en las estrofas finales de Childe Harold's Pilgrimage.